La inacción social que demuestra la decadencia que vivimos

 

 

Miguel del Río | 25.05.2026


 

 

 

 

¿Toleramos los ciudadanos todo? De ser así, a qué se debe. Tenemos demasiados problemas internos, como para levantar la voz por lo que está ocurriendo. Es verdad que nuestra sociedad se muestra paralizada y en decadencia. La inacción social tiene su explicación, y señalaré culpas y culpables. Citaré también a las tecnologías y el daño que infringen a la hora de restar en nuestros jóvenes creatividad y pensamiento crítico. Si la educación y la cultura merman, como es el caso, que no extrañe la apatía imperante, que viene bien a los poderes. En muchos aspectos, estos son culpables de tanta indiferencia, al no solucionar problemas.

 

Muchas de las cuestiones políticas, económicas, sociales y culturales que acontecen, que unos provocan, otros toleran y quedan a los que les da igual todo, tiene un nombre claro: decadencia. “No cabe duda de que la educación que los niños reciban en el colegio y especialmente en casa,por parte de los padres, será la garantía futura para asegurar en lasgeneraciones del mañana el debido comportamiento”. Estas palabras de cosecha propia no deberían tener caducidad, se viva en una época u otra. Aunque ahora este mensaje está roto. Se ha quebrado peligrosamente por tres razones fundamentales: mal hacer y comportamientos inaceptables dentro de los denominados poderes públicos y consentirlo,la desidia dentro de las familias, y la invasión del móvil, que ha abducido a la mayoría de la población, en especial a los jóvenes.

Hace tiempo que los diferentes periodos de la historia se mueven en torno a generaciones que acuñan no solo un nombre sino también nuevos conceptos de vida, así como comportamientos que no tienen nada que ver con lo que vivieron sus padres.La actual es la Generación Alfa, vinculados a la Inteligencia Artificial. La anterior es la Z, con su total adaptación a Internet y las redes sociales. Y como último ejemplo que voy a dar, están los Millenniais, que vivieron la transición de lo analógico a lo digital.

Todo esto está muy bien. Pero lo que no es aceptable es que, con el transcurso del tiempo y los lógicos cambios e innovaciones, perdamos el sentido de lo que es auténticamente vivir en sociedad, y tener compromiso más un sentido crítico hacia los problemas de nuestro entorno, como la falta de viviendas para los jóvenes, mostrar un rechazo visceral a la corrupción, y pedir responsabilidades hacía quienes desempeñan puestos de relevancia, y se han apartado de lo ético.

Y aquí entra el comportamiento individual o si quieren la personalidad. No es fácil explicarla ni llevarla a cabo de manera adecuada. Oscar Wilde decía que “la personalidad es una cosa muy misteriosa, ya que se puede acatar la ley y sin embargo ser inútil, romper la ley pero ser bueno, ser malo sin hacer nada malo, y hasta cometer un pecado contra la sociedad y sin embargo darse cuenta de su verdadera perfección”. Ya lo ven, no es fácil.

Al menos como yo lo percibo, los pésimos comportamientos dentro de lo denominado público que se dan ahora en España son totalmente perniciosos para la sociedad en su conjunto. Una sociedad que muchas veces es acusada de tolerar todo lo que ocurre, con multitud de causas judiciales en las que están implicados los gobernantes. Las actitudes son más importantes que las aptitudes. Así lo dijo Churchill, sin aclarar lo que puede llegar a suceder cuando no hay ni una cosa ni la otra.

La desidia tiene mucho que ver a la hora de percibir que hemos entrado en un ciclo decadente en todos los sentidos. Y digo todos porque la desidia va desde lo personal (callar o mirar para otro lado), a lo laboral (trabajar menos y querer ganar más), y también está la desidia institucional, que es la que no generara soluciones a problemas acuciantes. Algunos de tinte local, porque suceden en nuestro propio país, pero los hay trascendentales, ya que hemos regresado a un tiempo de guerras que nadie para.

Mientras, en nuestra vida que no falte el móvil, las redes y ahora la Inteligencia Artificial. Las tecnologías son positivas siempre y cuando estén bien planteadas y utilizadas. Si generan un gran vacío en la educación y la cultura, el resultado es que estamos fallando estrepitosamente como es el caso. Culpa llevan también las familias, si no ponen orden y coherencia en el uso de esas tecnologías a la debida edad, y velando por un correcto acceso a determinados contenidos.

El caso de España es especialmente alarmante. Según el informe del Gobierno sobre la Infancia Digital, el 41 % de los niños con 10 años ya tiene móvil. Deberían estar jugando con sus amigos, pero están conectados casi todo el día al teléfono inteligente. Si ya está mal tener el aparatito a esas edades, peor es aún que los padres les compren los modelos más caros y con más funciones. No acaba aquí la cosa. Cerca de un 25% de adultos se considera adicto al móvil, y hasta un 70% sufre nomofobia (ansiedad por no tener el teléfono). Entre los jóvenes, el problema es tremendo: 1 de cada 5 pasa más de 5 horas diarias conectado. Centrados casi en el móvil, no se plantean mucho más, y de aquí surgen tan malos principios con los que se dirige la sociedad actual, y mostrar indiferencia ante muchas de las aberraciones que no paran de acontecer. Es verdad que aumentan las voces que piden poner freno a tanta insensatez. Pero no es menos cierto que entre los récords nefastos de España está tener 63 millones de líneas móviles, siendo como somos 49 millones de habitantes. Todos mirando al móvil, mientras el país hace aguas.

 

 

Miguel del Río