EL EVANGELIO DEL DOMINGO
por Gervasio Portilla García
05.07.2026
XIV Domingo del Tiempo Ordinario (A)
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (11, 25-30)
En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo:
― «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Si, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Palabra del Señor
COMENTARIO:
El Evangelio de este Decimocuarto Domingo del Tiempo Ordinario, recoge cómo Jesús nos muestra el verdadero rostro del Padre, este rostro que esconde a los sabios y a los entendidos y se proyecta radiante en los pequeños, en los agobiados que pueden encontrar en Cristo alivio y sosiego.
Los sabios y los prudentes, son las clases privilegiadas de la casa de Israel, los expertos en materia religiosa, los poderosos de todo tipo, que no quieren aceptar en una misma comunión de vida a los pobres y a los marginados, a todos aquellos que la ley judía desprecia o posterga.
En realidad no pueden comprender nada, porque su orgullo y autosuficiencia les ciega la vista.
Sin embargo, los pequeños son aquellos, que se abren a la verdad del mensaje del Evangelio porque no están cegados por falsas seguridades.
Para comprender el orden nuevo de Jesús, se necesita corazón, amor y apertura humilde a la palabra de Dios.
Hasta el próximo Domingo si Dios quiere. Paz y bien.