ALGO MÁS QUE PALABRAS
DE LAS POLÍTICAS TERRESTRES; A LAS POÉTICAS CELESTES
“El verdadero sostén corporal de las huellas vertidas y la axiomática marea espiritual generada, va a ser lo que nos mantenga anímicamente, para fijar la mirada en la patria celestial”.

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 23.09.2026
Hay que impulsar la excelencia del azul, como lírica viviente adentrándonos en su místico oleaje, lo que pone de relieve uno de los retos más fundamentales de nuestro paso por aquí abajo, que no debe ser otro que el afán contemplativo y el desvelo por dar resplandor a un orbe que requiere de nuestras percusiones, para promover un cambio existencial, en el que todos podamos ser más corazón que coraza. Realmente sollozamos porque no logramos ser deidad, lo que nos impide amar y ser amados, que es lo que nos haría sentirnos libres como las barcas perdidas en el mar. De igual modo, también gemimos porque no dominamos ni nuestros propios vientos, necesitamos desesperadamente aires puros para tomar aliento y sentirnos acariciados por la certeza del verso en el verbo.
Llegará el día en que después de aprovechar lo vivido, produciremos y reproduciremos las energías de lo auténtico, que no son otras que el cultivo del amor de amar amor; y, justo en ese instante preciso y precioso, nos despojaremos de los intereses mundanos, porque habremos descubierto, que nada somos sin la fuerza de la edénica inspiración azulina. De hecho, el verdadero sostén corporal de las huellas vertidas y la axiomática marea espiritual generada, va a ser lo que nos mantenga anímicamente, para fijar la mirada en la patria celestial. Desde luego, será esta peregrinación mística la que nos ponga alas y nos marque la ruta del regreso hacia el poema perfecto, tras vivir los momentos de la escucha interior, disfrutando del don de sentirse musa cósmica y no masa planetaria.
Desprendidos de mundo, lugar por donde transitan los males con su aluvión de incitaciones que nos corrompen, hace que todo sea bello, al ser la generosidad más pulcra que la avaricia. Pese a ello, puede que nos de tristeza despojarnos de este paisaje, aunque sea oscuro. Igual le sucede a un poeta cuando se recluye y al fin le florece el soplo de la ciencia infusa; observando que, en lugar de perder el tiempo, lo que ha ganado, es el abrazo de lo edénico. Tal vez nos cueste comprender la situación y la tomemos como una debilidad más, máxime bajo una atmósfera social que vive obsesionada por el tener y el poseer; pero no es así, sólo hay que estar dispuesto a perder un poco de nuestro yo para hacer espacio al otro; con la épica donante, en lugar de la prosa agarrada a la usura.
Sea como fuere, nuestro naciente versátil germina del afecto y del efecto de la estética pulsación armónica, entre el hacer y el obrar. Son, precisamente, los pequeños gestos cotidianos ofrecidos cada día los que nos hacen radiantes. Justamente, unos van hacia la verdad por el camino de la bondad manifestada a golpe de corazón, haciéndose rimador de pulsos y pausas. Otros, sin embargo, hemos llegado a la placidez bucólica, por la senda de la evidencia, que es la que nos hace poema y no pena, o sea bondadoso y no bárbaro. Sin duda, es el poeta que todos llevamos consigo el que sabe despertar en nosotros aquellas pujanzas imaginativas, que nos descubren un universo maravilloso que antes no conocíamos.
Volvamos a ese niño al que todos debemos regresar, con pensamientos nuevos, maravillosos y satisfactorios. Tanto en el fondo como en la forma, cada cual ha de sentirse parte de la estrofa galáctica, bajo el alumbramiento de la antífona que nos permite no perder de vista los sonidos, no únicamente lo que sentimos, también lo que vemos. Dejemos que nos habiten los idílicos azulados. Su manera pastoral nos protege, para conjugar la excelsa rima viviente, aún no escrita y mucho menos vivida. Recordemos que, en toda biografía humana siempre hubo dos pasiones, suscitadas entre lo mundano y lo inspirado, motivando sendas contradictorias entre lo mortal y lo etéreo. De todos modos, desmantelarse por ser poesía y por hallarse en ella, es el más sublime decoro existencial.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
23 de septiembre de 2026