COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

LA REPARACIÓN DEL VÍNCULO FRATERNO

 

 

“EL ESPÍRITU ORANTE COMUNITARIO Y SU PUJANZA: La ofrenda de la expresión omnipotente, testifica que el acuerdo mutuo y la reunión en la fe activan la presencia de Cristo en nosotros, robusteciendo la unidad, con el alivio de cargas compartidas y el poder del común acuerdo. Cuando un grupo en comunión de amor, conjuntamente clama y reclama bajo idéntico propósito, se desata un poder transformador, sin nada de chismes, alentando, buscando la regeneración.”

 

 

 

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 05.09.2026


 

 

 

I.- HABLAR ENTRE SÍ;
PARA PROTEGER EL ETERNO VÍNCULO

Conciliar es reconciliarse con sus afines,
haciendo del prójimo un pulsar próximo,
que incita a guardar y a resguardar ligas;
pues lo esencial es recuperar al hermano,
proteger la relación y aminorar el ahogo.

La mejor pedagogía es la de la escucha,
la de tender la mano y buscar la unidad,
la de no adjetivar y suministrar remedio,
pues no hay mejor civismo que socorrer,
ni mejor práctica de unión que el auxilio.

No hay que desistir, ni lavarse las manos,
si acaso hay que insistir en conmoverse,
en aflojar la cuerda y en ceñir el perdón,
que el hombre crece cuando se arrodilla,
y decrece cuando no bate a la venganza.

 

 

II.- EL ADEUDO COMPARTIDO;
PARA PROTEGER EL ETERNO AMOR

Vivimos como una compañía de latidos,
y somos una corporación de pulsaciones,
donde lo que hace uno nos atañe a todos,
lo que nos cerca a no deber a nadie nada,
que no sea el mirarse con benignos ojos.

La corrección fraterna sólo es auténtica,
sí germina de un corazón que se entrega,
sí seduce como un amante entusiasmado,
sí cautiva con el ánimo y no juzga jamás,
pues hasta los vicios del ser los exonera.

Que la Virgen María nos ayude a morar,
a residir con el hábito saludable del ser,
que sabe perdonar y además perdonarse,
manteniendo el ímpetu de la clemencia,
el tacto en contacto a la piedad de Dios.

 

 

III.- LA PLEGARIA FAMILIAR;
PARA PROTEGER LA ETERNA VIDA

El Redentor nos nombra y nos dispensa,
vive en nosotros y se desvive por todos,
no sólo se aloja en la intimidad nuestra,
sino de modo vivo y real rehace hogares,
repara nexos y restaura lazos adyacentes.

Con un único corazón y mil percusiones,
presentemos al Padre nuestras plegarias,
creyendo en la promesa del ruego unido,
de que todo lo que pidamos en coalición,
nos hará florecer como fuente de anhelo.

Rezar es construir una red de esperanza,
es situarse en misión de guardián celeste,
es poseer una condición de acatamiento,
comenzando por reconocer los tropiezos,
y terminando por aprender a reprenderse.

 

 

Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
05 de septiembre de 2026