Vaticano

 

Las claves de Venite ad me, el documento de Doctrina de la Fe para afrontar la crisis en la transmisión de la fe

 

El cardenal Víctor Manuel Fernández llevaba tiempo trabajando en estas consideraciones sobre los desafíos de transmitir la fe cristiana en la sociedad actual, con especial atención a la ruptura generacional y al papel de las familias en la evangelización.

 

 

 

22/10/26 | Javier Arias


 

 

 

  1. La ruptura en la transmisión generacional

  2. La familia, primer lugar de transmisión

  3. Volver al anuncio esencial de Jesucristo
  4. Un lenguaje cercano y capaz de escuchar
  5. La cultura digital y la inteligencia artificial
  6. Liturgia, belleza y testimonio de la caridad
  7. Unas consideraciones abiertas a nuevas reflexiones

 

 

 


El cardenal Víctor Manuel Fernández,
Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

 

 

 

El pasado mes de mayo, el periodista Edward Pentin adelantó en el National Catholic Register que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe trabajaba para sacar a la luz un documento donde se abordase la problemática de hoy en día para transmitir la fe de generación en generación.

Este jueves 22 de octubre, el documento oficial ve la luz y algunos de los temas ya fueron adelantados en exclusiva hace cinco meses por Religión Confidencial. Como ya publicó este medio, “la ruptura de la transmisión intergeneracional en muchos países, que en algunos casos comienza a manifestarse repentinamente" es uno de los asuntos que se trata junto con algunas "consideraciones sobre las posibles causas de esta ruptura”.

El texto, titulado Venite ad me —«Venid a mí», en referencia a las palabras de Jesús recogidas en el Evangelio de san Mateo—, responde a una petición del Papa Francisco que León XIV hizo suya. Su objetivo es ofrecer una reflexión y proponer caminos concretos para anunciar el Evangelio en las actuales circunstancias sociales y culturales.

 

La ruptura en la transmisión generacional

Uno de los diagnósticos centrales del documento es la crisis en la transmisión de la fe de padres a hijos, especialmente visible en los países de antigua tradición cristiana. El Dicasterio advierte de que cada vez son menos los padres que ponen a sus hijos en contacto con el mensaje evangélico y de que muchos jóvenes llegan a la edad adulta desde una situación de indiferencia religiosa, incluso después de haber pasado por ambientes católicos.

El texto relaciona esta situación con la secularización y con una cultura que sitúa al individuo y su autonomía en el centro. En este contexto, la fe corre el riesgo de quedar relegada al ámbito privado, mientras que la pertenencia a la Iglesia deja de formar parte de la experiencia cotidiana de muchas personas. El documento señala que, en algunas regiones del mundo, la transmisión de la fe entre generaciones se ha interrumpido prácticamente por completo.

Ante este escenario, las consideraciones invitan a revisar las respuestas pastorales y a no dar por supuesto que quienes han recibido el bautismo mantienen una relación viva con Cristo o con la comunidad eclesial.

 

La familia, primer lugar de transmisión

El documento sitúa a la familia como el primer y más esencial espacio para transmitir la fe. La oración en el hogar, el contacto con el Evangelio, la participación en la misa dominical y el testimonio de la caridad son algunas de las formas en las que los hijos pueden descubrir la vida cristiana. No se trata únicamente de comunicar conocimientos religiosos, sino de introducir progresivamente a los más jóvenes en una experiencia de fe.

La comunidad eclesial tiene también un papel fundamental, pero no puede sustituir a la familia. La parroquia está llamada a acompañar a los padres y a ofrecer un entorno en el que la fe pueda crecer y encontrar apoyo. La transmisión se entiende, por tanto, como una tarea compartida entre el hogar y la Iglesia, y no como una responsabilidad que deba recaer exclusivamente en la catequesis parroquial.

 

Volver al anuncio esencial de Jesucristo

La propuesta que atraviesa el documento es recuperar la centralidad del kerygma, es decir, el primer anuncio de la fe cristiana: Dios ama al hombre, Jesucristo entregó su vida para salvarlo, resucitó y permanece vivo junto a él. El Dicasterio considera que este anuncio debe estar en el origen de toda acción evangelizadora y favorecer una relación personal con Cristo.

Desde esta perspectiva, no basta con transmitir información religiosa o formular principios morales si antes no se ha propiciado un encuentro con el Señor. El documento no contrapone esa experiencia a la doctrina de la Iglesia: precisa que la catequesis y la formación cristiana siguen siendo necesarias para ofrecer una introducción ordenada y gradual a sus enseñanzas. Lo que plantea es que la experiencia de fe constituye una dimensión previa que no debe darse por supuesta.

La propuesta busca tanto despertar la fe de quienes se han alejado de la práctica religiosa como acompañar a quienes todavía no han conocido a Cristo. Por eso, el Dicasterio que dirige el cardenal Víctor Manuel Fernández pone el foco de manera particular en la evangelización de los adultos y de las nuevas generaciones.

 

Un lenguaje cercano y capaz de escuchar

Las consideraciones también abordan la necesidad de encontrar formas de comunicar el Evangelio que conecten con las preguntas y experiencias de las personas de hoy. La evangelización requiere escucha, proximidad y capacidad para comprender las inquietudes, los sufrimientos y las esperanzas de quienes reciben el anuncio cristiano.

El testimonio personal ocupa un lugar destacado. La fe se transmite no solo mediante palabras, sino también a través de la vida de quienes la han descubierto y la hacen visible en sus relaciones y en su forma de actuar. De este modo, el anuncio deja de presentarse como un discurso abstracto y puede convertirse en una invitación a conocer a Cristo.

El documento insiste asimismo en que la Iglesia debe atender a los diferentes contextos culturales y sociales. La diversidad de situaciones exige discernimiento y creatividad pastoral, sin reducir la evangelización a una fórmula única que pueda aplicarse indistintamente en todos los lugares.

 

La cultura digital y la inteligencia artificial

El Dicasterio dedica parte de su reflexión al cambio cultural provocado por las tecnologías digitales. La expansión de estos entornos no solo modifica la manera de acceder a la información, sino también las relaciones personales y la forma en que se construyen la identidad y la percepción de uno mismo.

En este sentido, el documento recoge la idea de que el desafío no es únicamente tecnológico, sino también antropológico. La respuesta evangelizadora no puede limitarse a trasladar los métodos tradicionales a las redes o a incorporar nuevas herramientas: debe comprender cómo estas transformaciones afectan a las personas y a su búsqueda de sentido.

La reflexión incluye también otras fronteras de la evangelización, con atención a la diversidad de culturas y situaciones. La transmisión de la fe debe tener en cuenta las particularidades de cada comunidad, incluidas las de los migrantes y las de quienes viven en pequeñas localidades, para encontrar modos adecuados de anunciar el Evangelio sin perder su contenido esencial.

 

Liturgia, belleza y testimonio de la caridad

La transmisión de la fe no se limita a la enseñanza ni a la explicación verbal de sus contenidos. El documento destaca la importancia de la liturgia, el testimonio de los creyentes, el arte y la belleza como vías que pueden ayudar a descubrir la presencia de Dios.

La vida de las comunidades cristianas tiene, en este sentido, un valor evangelizador. La acogida, la oración, la celebración y el servicio a los demás pueden facilitar el acercamiento a la Iglesia y favorecer que quienes buscan una respuesta a sus preguntas encuentren un espacio para profundizar en la fe.

El texto dedica también atención a las distintas etapas de la vida y a situaciones específicas que requieren una respuesta pastoral propia. En su último capítulo incorpora testimonios de personas que han descubierto o redescubierto a Jesucristo, con relatos vinculados a la superación de adicciones, al papel de la familia y la oración, y al encuentro con la fe a través de la caridad, la cultura y la belleza.

 

Unas consideraciones abiertas a nuevas reflexiones

El Dicasterio subraya que Venite ad me es un documento de «consideraciones», no una nota doctrinal. Su finalidad es estimular la reflexión eclesial y el compromiso pastoral, sin pretender cerrar el debate sobre cómo transmitir la fe en las actuales circunstancias. El texto recoge aportaciones de numerosas conferencias episcopales y deja abierta la cuestión a posteriores análisis y desarrollos.

La conclusión vuelve a la imagen de la luz de Cristo que se transmite de una persona a otra, como sucede con las velas que se encienden a partir del cirio pascual durante la Vigilia. Con esta imagen, el documento recuerda que la tarea de los cristianos consiste en compartir con los demás la fe que han recibido, mediante el anuncio, la oración y el testimonio de vida.