Católicos
El obispo de Solsona, Mons. Francisco Conesa, pronunció la conferencia «¿Cómo es la búsqueda de Dios en el siglo XXI?» en la apertura de las XI Jornadas de Actualización Pastoral de la Universidad de Navarra. Advirtió de que el renovado interés por la espiritualidad convive con el desconocimiento de la fe y defendió nuevas formas de acompañamiento pastoral.
22/10/26 | Marta Santín
- ¿"Está regresando la sociedad a la fe católica"?
- De la espiritualidad sin Dios al deseo de trascendencia
- Transhumanismo
- Los riesgos de una fe reducida a emociones
- «El cristiano católico clásico está dejando de existir»
- La Iglesia, «maestra de espiritualidad»
- Las heridas y dificultades de muchas personas
Mons. Francisco Conesa en la Universidad de Navarra.
¿"Está regresando la sociedad a la fe católica"?
¿Está regresando la sociedad a la fe católica o se encuentra en una nueva etapa de búsqueda espiritual? Mons. Francisco Conesa, obispo de Solsona, abordó esta cuestión el martes 20 de octubre durante la conferencia inaugural de las XI Jornadas de Actualización Pastoral, organizadas por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra bajo el lema «Responder a una generación sedienta. Propuestas pastorales en tiempos de misión».
En su ponencia, titulada «¿Cómo es la búsqueda de Dios en el siglo XXI?», el prelado defendió que el creciente interés por lo religioso no equivale necesariamente a una vuelta al catolicismo: «No estamos ante un giro católico, sino ante una exploración, porque la mayoría tiene un desconocimiento total del cristianismo».
Conesa considera que esta situación constituye un desafío para la Iglesia, pero también una oportunidad para conectar con las inquietudes de quienes buscan respuestas. «Es una oportunidad para conectar con sus deseos, con sus gustos, para acompañarles, acogerles y ofrecerles experiencias de plenitud de vida que les llenen el corazón», afirmó.
De la espiritualidad sin Dios al deseo de trascendencia
El obispo comenzó su exposición con una referencia al «eclipse de Dios» y al contexto de secularización, antes de analizar las distintas manifestaciones de la sed espiritual contemporánea. Su punto de partida es que el deseo de trascendencia permanece en el ser humano, aunque no siempre se exprese en términos religiosos.
«En el ADN de la humanidad está radicado el deseo de bien, de belleza, de verdad», señaló en una de las diapositivas de su presentación a las que ha tenido acceso Religión Confidencial. Y añadió otra afirmación que resume su planteamiento: «En el ser humano persiste una profunda sed de Dios, una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir».
Una de las realidades que examinó fue la búsqueda de una espiritualidad que prescinde de Dios. Conesa incluyó en este apartado la fascinación por el misticismo oriental, el fenómeno de la New Age y determinadas formas de espiritualidad vinculadas al ateísmo. Para ilustrar esta última, recurrió a La peste, de Albert Camus, y a la pregunta de uno de sus personajes: «¿Se puede ser un santo sin Dios?».
Transhumanismo
El prelado no presentó estas manifestaciones como un simple rechazo de la religión. Al contrario, las interpretó como un indicio de que persiste el anhelo humano de trascendencia y sentido, incluso cuando se busca satisfacerlo al margen del cristianismo.
Junto a esta espiritualidad, identificó otras expresiones de la búsqueda de Dios: el deseo de salvación, la necesidad de paz y plenitud personal, la atracción por las experiencias intensas de trascendencia, el ansia de belleza y la persistencia de la religiosidad popular.
Además, destacó que “los jóvenes han perdido ya todo el temor a hablar de Dios abiertamente”.
También dedicó atención al transhumanismo y a sus promesas de superar las limitaciones humanas. «En las promesas del transhumanismo y de algunas corrientes posthumanistas, que persiguen una humanidad potenciada y casi desencarnada, reconocemos un deseo que nos interpela: la necesidad de una vida más plena, menos expuesta a la fragilidad y al sufrimiento», expuso.
A su juicio, detrás de estas aspiraciones se encuentra una pregunta sobre la felicidad y el destino humano que la pastoral no debería ignorar.
Los riesgos de una fe reducida a emociones
Conesa advirtió de varios riesgos que pueden acompañar las nuevas formas de búsqueda espiritual: el emotivismo, el tradicionalismo, el esteticismo, el sincretismo y el individualismo.
Sobre el emotivismo, describió el paso de una cultura centrada en el pensamiento a otra que concede un protagonismo creciente a los sentimientos: del «pienso, luego existo» al «siento, luego existo». Aunque reconoció la importancia de la dimensión afectiva, alertó de que las emociones, por sí solas, no ofrecen una visión completa de la realidad.
La atracción por la belleza y la liturgia también requiere discernimiento. El riesgo, explicó, consiste en quedarse en la formalidad exterior o en la experiencia estética sin profundizar en el significado de lo celebrado. Del mismo modo, el sincretismo puede llevar a combinar elementos religiosos sin atender a su coherencia, mientras que el individualismo dificulta comprender la fe como una experiencia compartida.
La respuesta no pasa por rechazar las inquietudes de quienes se acercan a lo religioso, sino por ofrecerles una formación que les permita profundizar y encontrar su lugar en la comunidad cristiana.
De izda. a dcha., Gregorio Guitián (decano de la Facultad de Teología),
Mons. Francisco Conesa (obispo de Solsona),
Mons. Florencio Roselló (arzobispo de Pamplona)
y Fernando Milán (director de las JAP 2026).
«El cristiano católico clásico está dejando de existir»
Una de las aportaciones más concretas de la ponencia fue la distinción entre dos perfiles que, según el obispo, requieren respuestas pastorales diferentes: los «peregrinos» y los «conversos».
«El cristiano católico clásico (el “practicante”) está dejando de existir», afirmó en su presentación. Frente a ese modelo, describió a los «peregrinos» como personas que buscan un sentido para su vida y necesitan ser acogidas y escuchadas. Los «conversos», en cambio, son quienes han vivido una experiencia profunda de fe y precisan acompañamiento y un itinerario de formación.
Esta distinción implica que no todas las personas que se interesan por la religión se encuentran en el mismo punto. Algunas apenas comienzan a formular preguntas; otras han experimentado un encuentro que desean integrar en su vida. La Iglesia, sostuvo, debe aprender a reconocer esas diferencias para no ofrecer una respuesta uniforme a situaciones distintas.
En este contexto, Conesa subrayó la importancia de escuchar a quienes se encuentran al margen de la comunidad y de abrir espacios de encuentro donde puedan acercarse a Dios sin necesidad de conocerlo previamente.
La Iglesia, «maestra de espiritualidad»
Entre sus propuestas pastorales, el obispo defendió alentar las preguntas sobre el sentido del mundo y de la propia existencia, ayudar a las personas a reconocer sus deseos más profundos y recuperar el corazón como lugar de encuentro con Dios.
También destacó la vía de la belleza, la riqueza de la espiritualidad cristiana y la fuerza evangelizadora de la religiosidad popular. Esta última, afirmó, puede constituir un punto de partida para que la fe madure y se haga más fecunda.
La clave es que la Iglesia ofrezca una experiencia cristiana capaz de unir la vida espiritual con el compromiso hacia los demás. En palabras de Conesa, «la Iglesia no puede ser percibida únicamente como educadora moral o defensora de unas verdades, sino ante todo como maestra de espiritualidad y ámbito donde llegar a tener una experiencia profundamente humana del Dios vivo».
Las heridas y dificultades de muchas personas
El obispo de Solsona dedicó una parte de su conferencia a reflexionar sobre las heridas y dificultades que atraviesan muchas personas. “A nosotros acuden muchas personas que encuentran paz y sosiego. Tenemos este reto terapéutico: ofrecer una palabra de misericordia a las personas heridas”.
El obispo concluyó su reflexión con una invitación a descubrir la presencia de Dios en las inquietudes humanas, incluso cuando quienes las experimentan todavía no saben identificarlas. «Hay que dejar que aflore el deseo de Dios entre esa maraña de deseos humanos», afirmó.
La cuestión, por tanto, no es dar por hecho que existe un retorno generalizado al catolicismo, sino discernir qué buscan quienes se acercan a la espiritualidad y cómo acompañarlos para que puedan descubrir la propuesta cristiana.