Zoom
La Iglesia crece, pero hay datos que deberían hacernos reflexionar
20/10/26 | Zenón de Elea
Misioneros de la misericordia en el Jubileo de marzo de 2025.
Aunque nuestro querido compañero José Francisco Serrano ha hecho referencia a esta noticia con acertada precisión en su último artículo, destacando los puntos fuertes del catolicismo mundial, las cifras que acaba de publicar la agencia Fides sobre el último «Anuario Estadístico de la Iglesia» tienen tanta relevancia que permítanme que también escriba hoy sobre este mismo asunto.
No pretendo ofrecer un balance negativo, ni mucho menos. Hay motivos para la esperanza, pero también hay datos que deberían invitarnos a reflexionar sobre el presente y el futuro de la Iglesia.
Empecemos por una cifra que, a primera vista, resulta positiva: los católicos en el mundo somos 16.690.000 más que en la anterior medición. En total, 1.422 millones de personas, el 17,8 % de la población mundial. Además, el número de bautizados ha aumentado en los cinco continentes.
Son datos que debemos celebrar. Sin embargo, hay una cuestión que no podemos pasar por alto: los católicos seguimos representando menos del 20% de la población mundial. ¿No queda todavía mucho por hacer en materia de evangelización? ¿No deberíamos preguntarnos cómo podemos acercar el mensaje de Cristo a quienes todavía no lo conocen, o a quienes se han alejado de la Iglesia?
El crecimiento es una buena noticia; el desafío evangelizador sigue ahí.
Otro de los aspectos que merece atención es la evolución de las vocaciones. El informe Fides señala que el número de sacerdotes aumenta ligeramente por primera vez en cinco años. En cambio, continúa disminuyendo el de religiosas y seminaristas mayores.
No podemos ignorar esta realidad. ¿Qué está ocurriendo con la vida consagrada? ¿Estamos ante una transformación profunda de la manera de vivir y anunciar la fe? Quizá sea pronto para extraer conclusiones definitivas, pero los datos invitan a plantearse preguntas.
Mientras tanto, hay una tendencia que me parece especialmente significativa: aumenta el número de misioneros laicos y catequistas. Los primeros ascienden a 463.079, con 18.473 más que en el informe anterior, mientras que los catequistas alcanzan los 2.889.336.
Son personas normales y corrientes que, sin vivir necesariamente en una comunidad religiosa, deciden dedicar su vida o parte de ella a la misión de la Iglesia desde su condición laical. Hombres y mujeres que descubren que el compromiso cristiano no exige abandonar el mundo, sino transformarlo desde dentro.
¿Significa esto que la vida consagrada tiene menos futuro? No me atrevería a afirmarlo de manera tajante. La historia de la Iglesia está llena de sorpresas y el Espíritu Santo puede abrir caminos que hoy ni siquiera imaginamos. Pero sí parece evidente que el protagonismo de los laicos será cada vez más importante en la evangelización.
Hay otro dato que no debería pasar desapercibido: África ya supera ligeramente a Europa en número de católicos. El continente africano cuenta con 288,3 millones de bautizados, frente a los 287,2 millones registrados en Europa. Además, es el único continente en el que aumentan tanto las religiosas como los seminaristas mayores.
Quizá llegue el día en que sean los propios africanos quienes contribuyan de manera decisiva a evangelizar una Europa secularizada, donde durante décadas hemos dado por supuesto que la fe cristiana formaba parte de nuestra identidad.
Y, sin embargo, también aquí hay motivos para la esperanza. El número de católicos aumenta en Europa, con 911.000 más.
Por último, no debemos olvidar una realidad que a veces queda relegada cuando hablamos de estadísticas religiosas: la inmensa red educativa, sanitaria y asistencial de la Iglesia.
El informe recoge 101.110 instituciones sanitarias, benéficas y asistenciales, entre ellas hospitales, dispensarios, residencias, orfanatos y centros de atención social. A ellas se suma una extensa red de colegios y universidades que contribuye a la formación de millones de personas.
Es una presencia que hunde sus raíces en la caridad cristiana, en el amor al prójimo y en la convicción de que toda persona merece ser atendida, acompañada y cuidada.
Por eso, las cifras de Fides nos llenan de esperanza. Nos recuerdan que la Iglesia no solo crece en número de bautizados, sino que continúa presente en la vida cotidiana de millones de personas.
No vamos necesariamente a peor; hay señales de que avanzamos. Queda mucho por hacer, especialmente en la evangelización y en el acompañamiento de las vocaciones, pero también hay miles de hombres y mujeres que entregan su vida a los demás y que hacen visible el Evangelio.
Al menos eso quiero creer: que, además de la gracia de Dios, el testimonio de tantos católicos está dando sus frutos.