Tribunas
05/10/2026
Y después de los viajes del Papa, ¿qué?
José Francisco Serrano Oceja
El Papa León XIV en el Movistar Arena.
Foto: Confer.

Este fin de semana me preguntaba un amigo si no tenía la sensación de que, al menos en España, ya nos habíamos olvidado del viaje del Papa.
La percepción común es que ante acontecimientos de esta magnitud, que focalizan la atención durante unos días con intensidad, con la brillantez y con lo espectacular del evento, se produce una especie de efecto fuelle, se hincha muy rápido y después se desinfla.
Es cierto que desde la fecha del viaje, España vive en la vorágine permanente, sobre todo por el flanco de la política: Ceuta, el desgobierno que nos gobierna, la corrupción, ahora Maricarmen y sus muñecos, y no se sabe qué puede pasar en las próximas horas.
Pero la cuestión es que el viaje del Papa, en el universo social de lo público y publicado, da la impresión de haber pasado a la historia. Fue bonito mientras duró y poco más.
Se me dirá que los obispos, en la pasada Comisión Permanente, abordaron esta cuestión. De hecho, creo que han trabajado en las Comisiones episcopales con la perspectiva de modificar el Plan Pastoral de la Conferencia y con alguna otra finalidad.
Se habla incluso de alguna publicación que vendría a glosar los contenidos sustanciales del viaje con textos añadidos de personas de relevancia.
No puedo afirmar que los obispos, en sus cartas pastorales semanales, se hayan olvidado del viaje. Pero no noto una proliferación de referencias en un género cada vez más en desuso. La actualidad de las campañas eclesiales, y de lo que no son campañas, manda.
No he visto tampoco iniciativas de diálogo, debate y profundización en torno a la propuesta que León XIV hizo en España.
Lo que sería terrible, y algún atisbo hemos tenido, es que lo dicho por el Papa en su visita a España se utilizara para arrojárnoslo a la cara unos a otros, que hubiera servido para la confrontación y para aumentar el ya existente disenso.
Ahora se ha sumado el viaje de Francia, que tanto textualmente como de factura estética ha sido una auténtica delicia.
No se puede decir que haya un discurso del Papa en Francia que desmerezca de los otros. La elevación del estilo y la profundidad de contenido es una característica común a todas y cada una de las intervenciones. Y no voy a hacer otras comparaciones al uso.
De lo que se trataría ahora es de pensar cómo sacarle rendimiento a la presencia de León XIV en nuestro país. Una tarea no sólo de los obispos.
Esperemos que a los franceses no les pase como nos está pasando a nosotros.
José Francisco Serrano Oceja