Tribunas
05/10/2026
¿Renacer cristiano en Europa?
Ernesto Juliá
Pongo el título entre interrogaciones como una invitación a los lectores a que todos sigamos rezando para que ese renacer cuaje, echando raíces profundas en el corazón de muchos europeos. Y no me refiero solo a la Europa que fue para que trate de reconstruirse después de guerras desoladoras, y de abandono tan generalizado de la Fe en Cristo. Pienso en una Europa, renovada que pueda albergar y enviar de nuevo a todo el mundo, los nuevos apóstoles de Cristo como ocurrió hace seis siglos.
En el encuentro titulado “A las raíces de Europa por la paz y la unidad”, León XIV ha hecho mención de las raíces cristianas de la Europa de la que salieron misioneros que transmitieron la Fe en Cristo por todo el mundo; y señaló de manera particular la influencia de san Benito, que san Pablo VI proclamó patrono de Europa en 1964, en el forjarse del espíritu cristiano en Europa, llamándolo “mensajero de paz, realizador de unión, maestro de civilización”.
Y subrayó: “La ayuda a los pobres, a los enfermos y a los ancianos; la educación de los niños y las universidades; los hospitales y la medicina; la arquitectura y la ingeniería; el desarrollo de las ciencias; el derecho y la organización de las ciudades y de los propios estados: ¡tantos ámbitos, en Europa, han sido profundamente influenciados por san Benito y sus monjes! Sin este acervo monástico, la civilización europea, tal como la conocemos, no existiría”.
Hablando en el Centro de Conferencias Robert Schuman, hizo esta mención explícita del titular del centro:
“No se puede hablar de Europa sin mencionar el cristianismo, como bien sabía Robert Schuman cuando dijo: “El cristianismo ha enseñado la igualdad de naturaleza de todos los hombres, hijos del mismo Dios, redimidos por el mismo Cristo, sin distinción de raza, color, clase o profesión. Ha reconocido la primacía de los valores interiores que solos ennoblecen al hombre. La ley universal del amor y de la caridad ha hecho de todo hombre nuestro prójimo y las relaciones sociales en el mundo cristiano desde entonces se apoyan en ella”.
Y añadió, a renglón seguido esta mención a otro de los padres de la Europa unida.
“Otro padre fundador de la Europa contemporánea, Alcide De Gasperi, le hace eco al acentuar el “legado común europeo”, es decir “esa moral unitaria que exalta la figura y la responsabilidad de la persona humana con su espíritu de fraternidad evangélica, con su respeto por el derecho heredado de los antiguos, con su aprecio por la belleza perfeccionado a lo largo de los siglos, con su búsqueda de la verdad y la justicia agudizada por una experiencia milenaria”.
Poniendo a los participantes en el encuentro en disposición de superar cualquier pesimismo sobre esta “nueva evangelización” de la que está hablando, les dice:
“Hay que captar el alcance histórico de lo que está sucediendo, es decir, un encuentro sin precedente entre pueblos y culturas que pide un redescubrimiento creativo de nuestras raíces y, al mismo tiempo, una escucha atenta del otro. La universalidad de los valores fundacionales de Europa nos asegura que este diálogo es posible y que podrá dar una base sólida a nuestras sociedades, permitiendo trabajar de manera más eficaz por la paz y por un mundo reconciliado”.
“Compartiendo estas reflexiones, pienso ante todo en los jóvenes, llamados a construir la Europa de hoy y del mañana. Como observó Schuman: “Que esta idea de una Europa reconciliada, unida y fuerte, sea, a partir de ahora, la consigna para las jóvenes generaciones deseosas de servir a una humanidad liberada al fin del odio y del miedo y que, después de desgarramientos demasiado largos, aprende nuevamente la fraternidad cristiana”.
Y, terminando, les da esperanzas de que esa “fraternidad cristiana” siga dando frutos de Fe y de Eternidad, con una recomendación con la que cerró el encuentro:
“A los jóvenes les digo: tengan el valor de vivir de manera responsable la misión de construir la paz, en su corazón, e sus relaciones, en su familia, en las escuelas y universidades, en la vida de sus ciudades, de sus pueblos y de toda Europa”.
“No se sometan a la lógica de la violencia y la opresión.”
“¡Amen la vida en cada momento y no le teman al futuro!”
“No tengan miedo de formar una familia, de tener hijos, de defender la dignidad de cada persona, desde el primer instante en el vientre de la madre hasta su último aliento”.
“No tengan miedo de trabajar incansablemente al servicio del bien de sus comunidades, incluso a través del compromiso político”
“¡Sean artífices de comunidad! Y junto a ustedes, Europa, firmemente arraigada, seguirá floreciendo e inspirando al mundo entero”.
“Que Dios les sostenga en estas decisiones y bendiga y proteja a toda Europa”.
Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com