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Monseñor Emilio Rocha, se ha referido a la entrada masiva de migrantes en Ceuta en una carta dirigida a la comunidad diocesana con motivo de la 112 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará este domingo 27 de septiembre.
23/09/26 | Javier Arias
- La dignidad de “incluso uno solo de estos pequeños”
- “No normalizar el sufrimiento”
- Contra una mera “gestión profesional” de los flujos
- Quince años de trabajo con inmigrantes
Monseñor Emilio Rocha, arzobispo de Tánger.
El prelado franciscano de origen español califica expresamente los acontecimientos ocurridos en la frontera hispano-marroquí como una “entrada masiva e irregular de personas en Ceuta”, en la que se encontraban “no pocos” menores. Rocha reconoce que, aunque la situación de emergencia ya haya sido superada, continúa teniendo consecuencias sobre la población de la ciudad autónoma.
Sin embargo, el arzobispo de Tánger evita entrar en las causas de lo ocurrido o en sus implicaciones políticas. “No es este el lugar para hacer un análisis de lo sucedido ni para evaluar las causas o las implicaciones políticas”, afirma en su carta. En su lugar, reclama respuestas conformes con el Derecho Internacional y una atención adecuada tanto a las personas en movilidad como a la población de Ceuta.
La dignidad de “incluso uno solo de estos pequeños”
Rocha sitúa su reflexión en el marco del mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, cuyo lema este año es “Incluso uno solo de estos pequeños”, tomado del Evangelio de san Mateo.
En su escrito, el arzobispo recuerda que entre quienes llegaron a Ceuta había menores y subraya que la respuesta de la Iglesia debe partir de la dignidad de cada persona. “A la luz del Evangelio y acogiendo el Mensaje del Santo Padre sí podemos afirmar que la dignidad de ‘incluso uno solo de estos pequeños’ tiene un valor supremo ante los ojos de Dios y de la Iglesia”, señala.
En este sentido, Rocha reclama que las instituciones públicas, las asociaciones civiles y las comunidades cristianas se impliquen en la acogida, protección, promoción e integración de los menores migrantes y refugiados.
“No normalizar el sufrimiento”
El arzobispo de Tánger vincula además la situación de Ceuta con la experiencia cotidiana de una diócesis situada en el norte de Marruecos y acostumbrada a convivir con la realidad migratoria.
Recuerda que, desde su erección canónica por Pío XII en 1956, la Archidiócesis de Tánger es “tierra de paso, frontera, puente” y también escenario del sufrimiento y la esperanza de personas obligadas a desplazarse.
Los recientes acontecimientos de la frontera hispano-marroquí, sostiene, recuerdan “la urgencia evangélica de no normalizar el sufrimiento”. Rocha insiste en que las personas que cruzan estas fronteras en busca de un futuro mejor no pueden ser contempladas únicamente desde una perspectiva estadística o política.
“Cada rostro que cruza nuestros caminos buscando un futuro mejor no es un número ni una mercancía política; es un hijo de Dios con una dignidad infinita”, afirma.
Contra una mera “gestión profesional” de los flujos
En la parte final de su carta, Rocha dirige una serie de peticiones a la Delegación Diocesana de Migraciones, Cáritas, las parroquias, las comunidades de vida consagrada y quienes trabajan con personas migrantes, tanto de origen subsahariano como marroquíes en migración interna.
El arzobispo pide “cambiar la mirada y convertir el corazón” para superar la tentación de limitarse a una “gestión profesional” de los flujos migratorios. Frente a ello, reclama que la Iglesia actúe con criterios evangélicos y centre sus esfuerzos en la protección inmediata de la vida humana, prestando una atención especial a los menores y a las personas más vulnerables.
Rocha concreta esta llamada en dos acciones: “acoger y acompañar” a las personas en movilidad, reconociendo en ellas a Cristo, y “promover la justicia” mediante la colaboración con las asociaciones civiles y las autoridades marroquíes.
En este último punto, reclama apoyar la creación de vías “legales, regulares y seguras” de migración que permitan proteger la dignidad de las personas y favorecer aspectos como la formación, el empleo, la unidad familiar y la integración social.
Quince años de trabajo con inmigrantes
El arzobispo aprovecha la carta para agradecer los quince años de trabajo de la Delegación Diocesana de Migraciones y la labor de las personas que colaboran en la acogida y acompañamiento de los migrantes en la diócesis.
Rocha termina su mensaje recurriendo a la figura de la Virgen María, que, junto a José y Jesús, también vivió el desplazamiento hacia Egipto. El arzobispo pide que la Iglesia de Tánger sea “constructora lúcida y audaz de acogida, hospitalidad y esperanza” para quienes viven la experiencia del desplazamiento forzoso.