Tribunas
30/07/2026
Las HAM o la historia de un fracaso colectivo
José Francisco Serrano Oceja
Algunas Hijas del Amor Misericordioso,
cantando un villancico en una felicitación de Navidad.
Gospa Arts (Captura).

De nuevo, a las puertas de las vacaciones de agosto, cuando casi todo el mundo prepara sus maletas -excepto el Papa que las vacía después de su descanso-, aparece lo que los periodistas llamamos una serpiente de verano. Segundo episodio y no sé si último de la serie HAM.
Para que quede claro, no recuerdo haber hablado nunca ni con una HAM, ni con un HAM, si es que se llaman así. Mi implicación en esa realidad es más que nula. Conozco a personas que sí tienen relación con ese entorno. Me han hablado en las últimas horas, referido a los chicos, de varios jóvenes que dejaron sus brillantes estudios para formar parte de esa realidad eclesial.
Tengo la percepción, una vez leída la nota del arzobispado en la que le pasa la pelota al Tribunal de la Rota matritense, que esta es la historia de un fracaso colectivo.
La Nota madrileña se sintetiza en la siguiente lógica: se las investigó, la Rota aconsejó que se suprimieran, nosotros fuimos buenos y les dimos una oportunidad, pero “transcurrido un año desde el inicio del comisariado, y constatada la inviabilidad de la continuidad de la asociación en las condiciones requeridas, la archidiócesis de Madrid ha procedido a ejecutar la recomendación formulada por el Tribunal de la Rota en España, decretando la supresión de la Asociación Pública de Fieles “Hijas del Amor Misericordioso””.
Como en su día ya escribí sobre el fondo del asunto, no voy a entrar ahora en las razones de por qué hace un año se las intervino con justa causa o causa justa. Me consta que eran razones fundadas. Algunos detalles de la forma de vida eran bastante rocambolescos según la información que pude recopilar.
Pero la perspectiva que nos ocupa, de una comprensión de la Iglesia como compañía de vida y de amor, eco del Vaticano II, es si a esta realidad, es decir, a estas jóvenes que en su día lo dejaron todo, abandonaron el mundo, su mundo, y dieron el sí, se les ha acompañado suficientemente, también por parte de la Iglesia y los que tienen la responsabilidad de esa tarea. Desde el minuto uno, por cierto.
Digamos que esa compañía, que estaba en el principio, se fue diluyendo y ha terminado como ha terminado, no parece que haya dado sus frutos. No sé si firmar decretos es fácil o difícil, lo que sí tengo claro es que escuchar al otro, acompañarle, con caridad y firmeza, con corrección fraterna, es siempre necesario y es un proceso que nunca termina.
Me gustaría saber, porque no he conseguido el dato, cuántas instituciones de esta naturaleza han sido disueltas en los últimos tiempos. Tengo incluso la idea de que esta forma de actuar pertenece ya a tiempos pasados. Entiendo que la justicia implica que a estas jóvenes se las mande para sus casas, otra cuestión es cómo se las manda. Espero que todas tengan un hogar en el que refugiarse y reconstruir su vida. Y no se me quita de la cabeza el caso de los Legionarios de Cristo, quizá porque es el más conocido de un final aparentemente feliz.
Da la impresión de que el proceso de las chicas y de los chicos es el de dos líneas no tan paralelas.
No es ya oportuno preguntarse si se hizo esto porque estamos hablado de una realidad de las llamadas conservadoras o no; si podía haberse hecho la investigación de otra manera; si la visita canónica se hizo en el último año de forma adecuada o no y por las personas adecuadas; si hubo un choque permanente de culturas en la forma de entender la vida consagrada, o no para que el final fuera otro o éste; y si la decisión tomada ahora era la única decisión viable; incluso si todos los obispos que tienen personas de esta realidad hubieran hecho lo mismo...
Lo que tengo claro es que esta es la historia de un fracaso humano, de mucho dolor y sufrimiento para no pocas personas. Un dolor que debemos acompañar con la oración y con una voluntad purificadora. Un fracaso humano que ratifica aquello de que todo es para bien para aquellos que le aman.
Por cierto que el canon aludido concluye: “§ 3. La autoridad competente no suprima una asociación pública sin oír a su presidente y a los demás oficiales mayores”.
José Francisco Serrano Oceja