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España vuelve a ser la gran potencia de las misiones: este es el dinero que dona y a qué se destina

 

 

 

30/06/26 | Zenón de Elea


 

 

 


El misionero comboniano Alejandro Canales,
con una comunidad cristiana en Chad.

 

 

 

Hay memorias que son poco más que un balance económico. Y hay memorias que cuentan una historia. La Memoria de Actividades 2025 de Obras Misionales Pontificias (OMP) España pertenece a esta segunda categoría.

Sus páginas están llenas de cifras, sí, pero detrás de cada una de ellas hay un rostro, una comunidad cristiana, un niño que recibe educación, un seminarista que se prepara para el sacerdocio, un catequista que anuncia el Evangelio o una parroquia que comienza a levantarse en algún rincón olvidado del planeta.

El dato más llamativo vuelve a ser motivo de legítimo orgullo para la Iglesia española. España continúa siendo el segundo país del mundo que más dinero aporta para las misiones, únicamente por detrás de Estados Unidos y duplicando la aportación del tercer país, Alemania. Es la prueba de que la conciencia misionera sigue profundamente arraigada en miles de parroquias, colegios, comunidades religiosas y familias españolas que, año tras año, sostienen la evangelización universal.

Gracias a esa generosidad, en 2025 OMP España pudo enviar 15.215.641 euros a los territorios de misión, recursos que hicieron posible financiar 1.119 proyectos repartidos por los cinco continentes.

Entre ellos destacan 473 proyectos destinados a la infancia, dedicados a la educación, la atención sanitaria y la evangelización. También fue posible sostener la formación de más de 13.000 seminaristas nativos, llamados a ser el relevo natural de los misioneros, además de cubrir necesidades tan básicas como la formación de catequistas, el mantenimiento cotidiano de las diócesis jóvenes o la construcción de parroquias y viviendas para los evangelizadores.

Pero quizá el dato más importante de toda la memoria no aparece en ninguna tabla. Lo resume perfectamente el director de OMP España, José María Calderón: "Los misioneros se van a evangelizar, y nosotros estamos detrás con nuestra oración y nuestra limosna para que eso se pueda realizar".

Ahí reside la verdadera grandeza de Obras Misionales Pontificias. Su trabajo no consiste únicamente en recaudar fondos. Antes de que llegue un euro, ha habido una labor constante de sensibilización para despertar la dimensión misionera de todos los bautizados. Jornadas como el Domund, Infancia Misionera o San Pedro Apóstol; iniciativas tan entrañables como Sembradores de Estrellas; visitas a colegios, encuentros con jóvenes, acompañamiento a los enfermos misioneros, experiencias de voluntariado, cursos universitarios y actividades formativas por toda España van sembrando una cultura de la misión que, después, termina traduciéndose también en generosidad económica.

Cada vez más donantes optan por realizar sus aportaciones mediante Bizum o transferencia bancaria.

La memoria es, en realidad, una fotografía fija de un año entero de Iglesia en salida. Una Iglesia que entiende que anunciar a Cristo exige oración, formación, compromiso y recursos materiales. Porque evangelizar también cuesta dinero, y sostener una Iglesia naciente en 1.131 territorios de misión requiere una solidaridad organizada y permanente. El Papa distribuye esos fondos allí donde más se necesitan, haciendo visible que la comunión eclesial no conoce fronteras.

La Memoria de OMP recuerda una verdad profundamente cristiana: nadie evangeliza solo. Detrás de cada misionero hay miles de personas que rezan, colaboran y creen que el Evangelio merece seguir llegando hasta los confines de la tierra.