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Ana Iris Simón y su conversión al catolicismo: “Intentar cambiar la doctrina de la Iglesia me parece una soberbia absoluta”

 

La escritora y periodista, referente intelectual de una generación, relata a Religión Confidencial cómo pasó del ateísmo y el anticlericalismo a sentir la presencia real de Cristo

 

 

 

25/06/26 | Marta Santín, X


 

 

 

Ana Iris Simón ha concedido pocas entrevistas sobre su conversión a la fe católica. “Pocas veces he hablado sobre esto”, afirma a Religión Confidencial. De haber sido atea y profundamente anticlerical, marcada por una historia familiar compleja y por heridas reales, a descubrir en la fe algo que no esperaba encontrar contaba hace unos meses a Josué Moreno en el Cafetal. Ahora nos lo cuenta a este medio.

 

 

 

  1. "Soy una recién llegada a la fe"

  2. Encontrarse con Cristo no como ideología, sino como presencia
  3. Estaba de moda ser ateo y anticlerical

  4. Una generación marcada por una "laicismo tonto"
  5. Fe, obediencia y una Iglesia de dos mil años
  6. La mirada deformante como se mira a la Iglesia
  7. "Orgullosa de pertenecer a la Iglesia Católica"
  8. Un cambio cultural en marcha
  9. "El giro católico" es real

  10. El deseo de maternidad y la pregunta última
  11. La búsqueda que venía de lejos

 

 

 


Ana Iris Simón recogiendo el premio en la sede de la Universidad de Navarra en Madrid.

 

 

 

En la distancia corta transmite humildad, sencillez, a pesar de su éxito mediático y editorial. No parece que la fama se le haya subido a la cabeza e irradia un sentido de servicio y de devolver lo que ella ha recibido.

 

"Soy una recién llegada a la fe"

El pasado 18 de junio, la Fundación Impactun concedió el Premio Cristianismo y Cultura Contemporánea 2026 en la sede de la Universidad de Navarra en Madrid a la escritora y periodista Ana Iris Simón, por devolver al primer plano de la actualidad la importancia de los vínculos, la familia y la fe como pilares de la identidad personal y colectiva.

“Este premio me da vértigo, como cualquier reconocimiento que tiene un componente de fe, porque soy una recién llegada, una conversa. Me sorprende”. Aunque se bautizó con nueve años, su conversión radical es de hace cinco años, con 30, cuando recibió el sacramento de la confirmación. Un proceso lento, casi silencioso, que ella describe como una llamada persistente: “la llamada de Dios siempre estaba allí, en su interior, sin querer o poder verla”.

Su historia es un recorrido de experiencias radicales: el vacío de la muerte de su abuela que le llevó a quererse bautizar y recibir la comunión con nueve años, el ateísmo militante, la bandera progresista, el anticlericlalismo, el éxito literario, y finalmente una fe que ella misma describe como inesperada, pero no improvisada.

 

Encontrarse con Cristo no como ideología, sino como presencia

Y es que hay conversiones que no empiezan en un debate, sino en una ausencia, en el silencio que deja una pérdida demasiado grande para una niña de nueve años: la muerte de su abuela materna, la persona que más quería en el mundo, la mujer que le hablaba de Cristo, la persona que la llevaba a misa. En ese incomprensible primer dolor, parece estar el origen de todo.

Sus padres, ateos, aceptaron que se bautizara, le apuntaron a clase de Religión (hasta entonces iba a Ética) y a catequesis en la parroquia.

Ana Iris abre su alma en esta entrevista y transmite sus profundas creencias porque no se ha convertido al cristianismo, sino al catolicismo. Fue un proceso meditado pero al final, terminó encontrándose con Cristo no como ideología, sino como presencia.

Después de recibir el bautismo y la comunión, el camino quedó interrumpido.

 

 

 


La escritora Ana Iris Simón y Puy du Fou España,
Premio Impactun Cristianismo y Cultura Contemporánea
por poner en valor la espiritualidad y el humanismo cristiano
en el panorama cultural actual.

 

 

 

Estaba de moda ser ateo y anticlerical

La adolescencia trajo otro relato: el de la ruptura. “Era moda ser ateo y anticlerical”, explica. Y con el 15M esa postura se intensificó. En ese tiempo, lo religioso se convirtió en aquello que debía negarse. Sin embargo, había una paradoja que hoy observa con otra mirada: vivía cerca de una iglesia. Y a veces entraba. “Cuando era pequeña creía que era una forma de matar al padre”, reconoce, “no me dejan hacer esto pues lo hago”.

La lectura actual es distinta: “Ahora, a mis 35 años, echo la vista atrás y pienso que era una llamada de Dios que yo no quería reconocer”.

 

Una generación marcada por una "laicismo tonto"

Su reflexión se amplía hacia lo generacional. “Cada generación tiene sus heridas”, afirma. Sus padres crecieron obligados a rezar ante el crucifijo. Su generación, en cambio, quiso borrarlo de las aulas. “Mi generación abandera quizás un laicismo tonto”, dice con una franqueza que no evita la autocrítica.

Y llegó el 15M al que se unió, sintiéndose profundamente progresista y anticlerical, en 2011, el mismo año que se celebraba la JMJ. Esta joven escritora que saltó a la fama por su ópera prima Feria en 2020 y que rápidamente se convirtió en un fenómeno editorial, ve en aquel movimiento algo más complejo: “El 15M fue rupturista, pero también conservador: quería conservar vínculos, vivienda, familia”.

 

Fe, obediencia y una Iglesia de dos mil años

Entre el 15M, sus reflexiones, su éxito editorial y algún maestro espiritual que le ha acompañado en su vida como el monje cisterciense y sacerdote Llorenç Sagalés Cisquella, llegó la radicalidad de su conversión.

Uno de los momentos centrales de su testimonio es su relación con la doctrina de la Iglesia. No la suaviza. No la matiza para hacerla más aceptable. La asume con una claridad tal que le resulta admirable incluso a quien escucha.

“Una de las cosas que me ha dado la fe es que para obedecer no hace falta entender”, afirma. “La obediencia, que es algo que he visto como un yugo, ahora ha supuesto para mí respetar algo que no hace falta entenderlo. Intentar cambiar algo y oponerme a años y años de doctrina de la Iglesia, de gente que ha entendido más que yo, me parece de una soberbia absoluta”.

Reconoce que hay aspectos que le cuestan, pero su respuesta es increíble partiendo de alguien que no ha mamado la fe desde niña: “Una institución como la Iglesia que lleva dos mil años de andadura está por encima de mi soberbia”.

 

 

 


Ana Iris Simón recogiendo el premio
en la sede de la Universidad de Navarra en Madrid.

 

 

 

La mirada deformante como se mira a la Iglesia

Cree que Iglesia es mirada como ninguna otra institución. “Si mirásemos con la lupa deformante otras instituciones como se mira a la familia, habría que abolir la familia porque sería una institución de abusos, porque la mayoría de los abusos se dan en la familia. Sería una institución de agresiones porque la violencia primera o machista se da en la familia. Creo que a la Iglesia se la mira de manera poco caritativa precisamente por entender que guarda relación con Dios, pero por no entender que es una institución humana”.

 

"Orgullosa de pertenecer a la Iglesia Católica"

Y en medio de ese itinerario aparece una experiencia reciente que la impactó profundamente: el encuentro con el Papa en el Movistar Arena. “Fue impresionante”, dice. No solo por el evento en sí, sino por lo que simbolizó: la diversidad de quienes acudieron, creyentes y no creyentes.

En su perfil de X escribió:
“Salgo del Movistar Arena tremendamente orgullosa de pertenecer a la Iglesia católica, porque solo ella podría congregar a gente tan diversa. Y del Santo Padre, porque solo él podría hablarle a personas tan dispares con tanta radicalidad”.

En el Congreso de los Diputados se produjeron siete minutos de aplausos. En el Arena, casi diez. Ella se detiene en lo que no se ve: “Yo lo que pensaba en esos momentos no era en sus cabezas, sino en sus corazones”.

Del Papa León XIV destaca algo que le sorprendió: “Sentí que estaba viendo al sucesor de Pedro. Me impactó”.

 

 

 

 

 

 

Un cambio cultural en marcha

Su lectura del presente es amplia. Cree que la sociedad ha cambiado desde 2011. La inmigración, dice, ha traído una vivencia más pública de la fe. El Papa Francisco fue, en su opinión, un líder capaz de ser querido por personas muy diversas.

También observa un desgaste del discurso progresista clásico: “El progresismo no se sostiene. Y muchos jóvenes quieren un cambio”.

Sobre el aborto, anticipa debates futuros más complejos: “Vamos a ver alianzas con la doctrina de la Iglesia que eran impensables hace unos años”. Y añade una idea clave: “El aborto no es un debate cerrado. He visto feministas que piden abolir el aborto y que los abortos fueran cero, aunque no criminalicen a las mujeres que aborten. Cualquiera que haya tenido cerca a una mujer que haya abortado sabe que eso no es un debate cerrado, que no se atienda al dolor que genera".

 

 

 

 

 

 

"El giro católico" es real

Señala también que la gran pregunta de su tiempo es ¿para qué? El sentido de su vida y de esta pregunta emana quizás el famoso giro católico. Ella piensa que real, aunque esté de moda, y aunque haya también algo de ideologización, de “arrojarle mi identidad católica al otro en esta época tan ideologizada y polarizada y en ocasiones se utiliza de una manera muy fea, de utilizar a Cristo contra alguien, que es la peor forma de emplear su Palabra porque es justo la contraria. Habrá mucho de esto, pero también la real, la que toca a la gente y es un misterio”.

Uno de los puntos más reflexivos de la entrevista llega con el documento Cor ad cor loquitur de los obispos españoles. Está de acuerdo: vivimos, dice, en una cultura emocionalista.

“Somos una generación que está educando a sus hijos en las emociones. Son importantes, pero no suficientes. Por eso, Ana Iris defiende también la razón, la obediencia, la entrega. “El mundo no acaba en las emociones. “Hay tantos divorcios porque reducen el amor a las emociones”.

 

El deseo de maternidad y la pregunta última

Le quedan muchas metas, aunque a sus 35 años haya conseguido tantas. Su mayor ilusión era ser madre y ver crecer a sus hijos es una de sus ilusiones, junto a su pareja, también católico, y cómo hacer para que crean en Dios. “Me parece muy tierno la manera de vivir la fe de los niños”.

Ella que era una acérrima defensora de la pública, y no le gustaba nada la concertada, ahora sus hijos van a un cole católico. “Es una garantía que los padres eduquen a sus hijos conforme a sus creencias”.

Pero también hay preguntas más profundas. Se preocupa por los ateos. Le pregunta a Dios por qué no da la fe a todos. Su maestro espiritual le respondió con una escena sencilla: pregúntaselo a tu niño de tres años. La respuesta del niño fue: “Porque las personas quieren verlo”.

 

La búsqueda que venía de lejos

La historia de Ana Iris Simón no se entiende como un giro repentino, sino como una continuidad que atraviesa toda su vida. La abuela, la infancia, la pérdida, la rebeldía, el éxito, la inquietud, la búsqueda.

Y ahora, al mirar atrás, descubre algo que cambia la dirección del relato: no era ella quien se alejaba, sino Dios quien, de algún modo, había permanecido.

Una conversión, sí. Pero sobre todo, una búsqueda que comenzó mucho antes de que ella supiera que estaba buscando.