Tribunas

Don Antonio de Cossío y Escalante y los mártires de Santander

 

 

José Francisco Serrano Oceja


Don Antonio de Cossío y Escalante.

 

 

 

 

Decía Julián Marías que el hombre es biografía, no sólo biología. Para no seguir añadiendo citas, podría referirme a lo que también señaló Laín Entralgo, en su descargo de conciencia al respecto. Lo dejo aquí.

Perdonen los lectores pero esta columna me va a salir un poco biográfica. Eclesialmente soy hijo de Espíritu Santo, es decir, de la preparación que para el sacramento de la confirmación que recibí en la que entonces, por circunstancias de la vida, era mi parroquia territorial, San Francisco de Asís de Santander.

Curiosidades aparte, quien me confirió el sacramento fue don Carlos Osoro cuando era solo don Carlos Osoro.

Si hay una persona que ha influido en mi vida de fe, y en mi formación humana, fue el entonces párroco de esa parroquia, don Antonio de Cossío y Escalante, que para mi fue como un padre.

En aquel tiempo la parroquia de San Francisco de Asís, con don Antonio, don Ricardo Lastra, don Luis Blas Martínez, don José Otí, fue uno de los centros más relevantes del catolicismo cántabro, entonces se decía montañés.

De allí salieron no pocos sacerdotes y laicos que, pasados los años, han tenido relevantes puestos en la vida pública y social, y no sólo de Cantabria.

A don Juan Antonio del Val le traíamos un poco de cabeza con nuestras euforias eclesiales juveniles. Recuerdo que le dimos una Asamblea del último Sínodo diocesano de aúpa con nuestras intervenciones. Un tiempo en el que había tensión, estábamos en los efluvios del postconcilio avanzado y eso generaba vida. Hoy, no sé.

Para que nadie se lleve a engaño, don Antonio de Cossío era uno de los líderes de la Hermandad Sacerdotal Española. Hace poco se ha presentado una tesis doctoral, hoy ya publicada, que he codirigido, sobre este grupo sacerdotal.

Don Antonio, un sacerdote de cuerpo entero, Comillés de pro, literato laureado, poeta, escritor, hombre de oración profunda, de servicio a los pobres –puedo contar anécdotas de su vida de caridad que no se creerían- siendo niño tuvo una experiencia que le marcó para toda su vida.

Unos milicianos se presentaron en su casa buscando a los hermanos mayores de don Antonio. Su madre, la madre de los hermanos macabeos, se encaró con ellos y les dijo que por qué buscaban a sus hijos. De sobra lo sabía. Los milicianos sacaron pecho y empezaron a forcejear con la señora hasta que por allí apareció un niño que quería defender a su madre. En un momento de la conversación, la madre les dijo aquello de que “el único hijo que tengo aquí es éste, ¿también queréis llevarlo con vosotros?”.

Fernando Cossío y Escalante, José María Cossío y Escalante y Eduardo Cossío y Escalante estuvieron en el barco prisión Alfonso Pérez. Allí fueron asesinados. Aunque ellos no están en el proceso, no dudo de que su fe fue causa de su martirio. No pocos de quienes estuvieron con ellos pronto serán declarados oficialmente mártires de la fe. Lo ha firmado el papa León XIV este pasado viernes. La Catedral se Santander, por primera vez en su trágica historia, será testigo de una beatificación por causa de la fe.

Don Antonio, mi párroco, no ha podido vivir este momento. Muchas veces me habló de su confianza en Dios. Estaba seguro de que llegaría este día. Kairós, cronos, la fecha ha llegado. No sé si tarde o pronto, pero ha llegado. La misma historia de la Causa de Santander da como para escribir un libro.

Santander, ciudad martirial donde las haya, se vestirá de gala para celebrar la gloria de sus hijos mártires, de quienes murieron perdonando.

Como dice el filósofo e historiador Antonio de los Bueis Güemes en uno de sus escritos recientes, los mártires hablaron con su vida pero su boca ahora está cerrada. Es ahora el momento de prestar la nuestra para dar gracias a Dios por la entrega de su vida hasta la última gota de sangre.

 

 

José Francisco Serrano Oceja