Tribunas
22/04/2026
Memoria de unos grandes personajes
Jesús Ortiz
El recuerdo de personajes importantes puede ser un buen ejercicio personal y colectivo para aprender valores y virtudes, pues sin unas sólidas bases poco se puede construir. Una reciente obra permite recordar unas cuantas personas que han influido para bien en nuestra historia reciente. Hombres que suman en vez de restar y unen en lugar de dividir a unos frente a otros [1].
Se han cumplido cien años del nacimiento de Leopoldo Calvo-Sotelo uno de los hombres que hicieron posible la Transición y la incorporación a Comunidad Europea. Un hombre conciliador, con ideas claras, con espíritu de servicio a España, y un gran lector de amplia cultura. De él ha escrito su hijo también Leopoldo Calvo-Sotelo en ABC: «Si, pensando en la España de hoy, tuviera que sacar una lección de la vida de mi padre, diría que la Constitución de 1978 y la pertenencia a Europa son nuestra ciudadela política, y que para defenderla o para conocer mejor sus fundamentos, siempre podemos buscar inspiración en nuestro filósofo [Ortega] y en aquella generación que Laín Entralgo llamó “parva gavilla de españoles egregios”».
Cuatro hombres importantes
No deberíamos olvidar a esos hombres que han hecho posible nuestra democracia y la convivencia en paz aun en medio de tensiones. Entre esos hombres se encuentran Adolfo Suárez, un hombre hecho para un proyecto, apostilla; Leopoldo Calvo-Sotelo, moderación e inteligencia en tiempos convulsos; Manuel Fraga, la inteligencia sal servicio de la “mayoría natural”; y de Marcelino Oreja Aguirre, lo señala como pieza clave en la refundación de la derecha española. Hay otros actores más desde luego, como José María Aznar y Felipe González, tal como los presenta Jaime Mayor Oreja en su reciente obra: «Una verdad incómoda, Testimonio de una época: contra el silencio y la mentira». De él tomo algunas notas interesantes de estos grandes personajes en el orden que los presenta.
Adolfo Suárez de quien algunos dijeron que era un profesional de la política como algo peyorativo aunque reflejaba su buen hacer y su capacidad de aunar voluntades, tenía capacidad de liderazgo y carisma, y sabía agradar a todos. Escribe Jaime que «En términos históricos, Suárez ha sido el presidente del Gobierno que más aciertos acumula. En términos éticos, fue el de mayor grandeza, porque impulsó un inédito proyecto de reconciliación para conseguir aprobar una constitución que no fuese el resulta de una España derrotando a la otra España». Al principio fue una sorpresa generalizada pero «Con el paso del tiempo, quedó demostrado que Adolfo era, en realidad, la única persona que podía llevar adelante aquella complicadísima tarea histórica». Recuerda Jaime cuando su salud se resquebrajó hasta su muerte, y lo muestra en la fotografía entrañable de él y el rey Juan Carlos de espaldas durante la visita que le hizo el monarca: «Los dos eran ya mayores, y en la imagen parecía como si estuvieran saliendo de la historia de España».
Leopoldo Calvo-Sotelo fue presidente del Gobierno de la democracia española en su momento más difícil pues su investidura fue brutalmente interrumpida por la entrada en el Congreso, el 23 de febrero de 1981, como es bien sabido. Considera que «Durante su presidencia, acertó de lleno con la adhesión de España a la OTAN», y la aprobación de la Ley de Armonización del Proceso Autonómico, LOAPA, junto con Rodolfo Martín Villa. Y añade que «Leopoldo Calvo-Sotelo reunía las condiciones necesarias para ser un presidente de un país miembro de la Unión Europea, en una democracia occidental normal, como, de hecho, demostró Durante el tiempo en el que estuvo al frente del Gobierno».
De Manuel Fraga escribe que era una fuerza de la naturaleza, una obviedad cierta, «un hombre superdotado, con una cultura enciclopédica y una gran confianza en sí mismo». Un hombre que demostró una gran valentía durante la campaña electoral en el País Vasco en 1984, terribles años de plomo de los terroristas etarras. Un hombre que se esforzó para que la “mayoría natural” fuese una posibilidad real, con su empeño en Coalición Democrática, luego Alianza Popular, el Partido Popular. Añade el autor que «La generosidad de Manuelo Fraga también se puso de manifiesto en su convencimiento de que Aznar no sólo debía ser el candidato a la Presidencia del Gobierno de España, sino presidente del partido. Y, al mismo tiempo, doy fe de la lealtad absoluta de José María Aznar para con el presidente fundador». Y apunta un detalle importante y muy ejemplar cuando el día de su muerte en 2012 fue a su domicilio, en un quinto piso al que se llegaba en un pequeño y modesto ascensor, «y me sorprendió la austeridad que allí reinaba. Fraga fue un hombre excepcionalmente honesto que nunca se dejó tentar por el dinero».
Marcelino Oreja Aguirre, el tío de Jaime, al que recuerda con inmenso reconocimiento y gratitud como responsable de su vocación pública. Marcelino tuvo un papel fundamental en el Grupo Tácito y posteriormente en el Gobierno de Adolfo Suáez como ministro de Asuntos Exteriores. Considera que «la principal virtud política de Marcellino Oreja ha sido su enorme capacidad para acertar. Primero acertó durante la Transición, al aceptar ponerse el frente del Ministerio de Asuntos Exteriores (1976-1980); al decidir encabezar la lista por Guipúzcoa en las elecciones generales de 1979, y al asumir la Delegación del Gobierno en el País Vasco en 1980». También acertó durante la refundación del Partido Popular junto con Manuel Fraga. Refiere algunos recuerdos de intimidad familiar y «Por todo ello le profeso un profundo respeto y admiración, así como el cariño que va más allá del vínculo familiar. Marcelino y yo compartimos la misma fe y los mismos fundamentos cristianos de nuestra sociedad».
Aznar y otros
Luego vendrá José María Aznar, la fortaleza de una nación. No consistía solamente en combatir a ETA sino la vertebración del Plan Hidrológico Nacional, una educación centrada en la calidad y una mayor proyección de nuestra política exterior. «Ni el presidente ni su Gobierno tenían culpa alguna de que el socialismo español y la izquierda tuviesen miedo a la mayoría absoluta lograda por la derecha en 2000, ni de que al PNV le entrara el pánico tras los sucesos de julio de 1997 y la irrupción del Espíritu de Ermua». Naturalmente recuerda también el atentado de ETA contra Aznar, el asesinato de Gregorio Ordóñez en 1995 y el de Miguel Ángel Blanco asesinato a cámara lenta en julio de 1997, así como la liberación trabajosa de José Antonio Ortega Lara también en julio de 1997.
Y se puede hablar de otros personajes, como Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero y otros actores de estas décadas que han marcado la historia reciente de España.
Mayor Oreja se refiere también a la sucesión de José María Aznar que designó a Mariano Rajoy después de convocarle junto al propio Rajoy y a Rodrigo Rato. Viendo la conveniencia de dejar paso a líderes más jóvenes como José María Michavila o Eduardo Zaplana, Aznar ofreció a Mayor Oreja algunas carteras ministeriales que «rechacé -dice- porque mis conocimientos eran marcadamente insuficientes. Siempre he creído que un ministro no puede aceptar una cartera para aprender, sino que es él quien debe aportar todo su conocimiento», lo cual dice mucho en favor de nuestro autor y dice menos de otros políticos.
Mirando al futuro
Jaime Mayor Oreja concluye este repaso de su experiencia durante esos años mirando al futuro con esperanza fundada y la creación de NEOS en defensa de los fundamentos cristianos, para superar el relativismo moral que ataca los cimientos de Europa, y la creación de una “minoría creativa” con el objetivo del rearme moral.
La memoria de los cuatro primeros personajes manifiesta su talla humana, su espíritu de servicio a España y su nivel moral, pues sin esas cualidades no puede haber verdadero Gobierno.
Volviendo al centenario de Leopoldo Calvo-Sotelo su hijo del mismo nombre manifiesta que «Afortunadamente, a día de hoy, a pesar de los vaivenes propios de cada coyuntura, los dos grandes partidos de nuestro sistema constitucional siguen siendo europeístas y atlantistas, y es muy importante que ese consenso se mantenga. España ya no es el problema, y Europa ya no es el puerto de arribada, porque hace tiempo llegamos allá, pero sí es un ancla que evita derivas indeseables». Ojalá acierte y se cumplan esas expectativas a pesar de lo que estamos padeciendo.
Jesús Ortiz López
Doctor en Derecho Canónico
[1] Jaime Mayor Oreja. Una Verdad Incómoda. Testimonio de una época: Contra el silencio y la mentira. Espasa. Ed. Planeta, 2026, 3ª ed. 412 págs.