Diócesis
Un acto histórico en el calendario cofrade que marcó el inicio espiritual de la Cuaresma en la capital califal
24/02/26 | M. S.
Córdoba vivió este sábado uno de los momentos de mayor solemnidad de su año cofrade cuando la figura del Señor de la Sangre encabezó el tradicional Vía Crucis de las Hermandades y Cofradías desde la iglesia de Capuchinos hasta la Mezquita-Catedral. La ciudad se volcó en un ejercicio piadoso que aún hoy sigue siendo recordado por su fuerza devocional y simbólica.
- La imagen llevó por primera vez una corona de espinas
Fervor y silencio en las calles
- Túnica blanca
- Dentro de la Mezquita-Catedral
El Señor de la Sangre entrando en la mezquita-catedral.
Foto: Redes Sociales de la Hermandad del Cristo de Gracia.El pasado sábado 21 de febrero de 2026, Córdoba fue escenario de uno de los actos más significativos de la Cuaresma: el Vía Crucis de las Hermandades y Cofradías, organizado por la Agrupación de Hermandades de la ciudad.
Este piadoso recorrido, que tuvo lugar poco después de las 16:45 horas, partió desde la Iglesia Conventual del Santo Ángel (Capuchinos) y se adentró por las calles del casco histórico para entrar en la Santa Iglesia Catedral, también conocida como Mezquita-Catedral.
La imagen llevó por primera vez una corona de espinas
Miles de fieles, cofrades y visitantes se congregaron en torno al trayecto para acompañar este acto de oración y meditación. El acto marca el inicio espiritual de la Cuaresma y se ha consolidado como uno de los hitos más destacados del calendario religioso y cultural de la ciudad.
Este año, la elección de la imagen que presidió el Vía Crucis tomó un cariz especial. La talla de Nuestro Padre Jesús de la Sangre, titular de la Hermandad del Císter, fue elegida para encabezar el acto central de la Cuaresma, en un gesto cargado de simbolismo porque la hermandad celebra su 50º aniversario fundacional.
Lo que hizo excepcional a esta edición fue el hecho de que, por vez primera, la imagen llevó una corona de espinas sobre su cabeza durante el acto. Este elemento, que forma parte de la iconografía de la Pasión de Cristo, simboliza el sufrimiento y la entrega de Jesús, y fue incorporado como un signo poderoso de la devoción y el significado del acto piadoso.
Fervor y silencio en las calles
La jornada comenzó con la solemne salida de la imagen desde Capuchinos, con un itinerario que transitó por calles emblemáticas como Plaza de Capuchinos, Bailío, Plaza de la Compañía y Puerta de Santa Catalina, hasta llegar al Patio de los Naranjos de la Catedral sobre las 19:20 horas.
Una gran multitud se concentró en las calles para presenciar el paso del Señor de la Sangre, que estuvo acompañado por el Quinteto de Metales “Gregis Mater” durante la ida y, tras la celebración del ejercicio piadoso, por la Banda de Música del Maestro Tejera en el regreso.
Túnica blanca
Los devotos pudieron contemplar la imagen revestida con una túnica blanca, un color que en la tradición cristiana simboliza la pureza, la inocencia y la salvación, creando un contraste simbólico con la corona de espinas. Esta combinación visual intensificó la experiencia espiritual del Vía Crucis, recordando a los fieles el misterio de la Pasión y la esperanza de la resurrección.
El acto se desarrolló con respeto y recogimiento. A su paso por puntos emblemáticos como Plaza Agrupación de Cofradías y Plaza de las Tendillas, numerosos cordobeses se unieron al cortejo, que incluyó a hermanos de distintas hermandades, autoridades eclesiásticas y representantes de la Agrupación de Hermandades.
Dentro de la Mezquita-Catedral
Una vez dentro de la Mezquita-Catedral, el Vía Crucis continuó como ejercicio piadoso a través de las naves y capillas del templo, donde se rezaron las estaciones tradicionales, acompañadas por meditaciones y cantos. La solemnidad del lugar convirtió el acto en un momento de profunda introspección para los presentes.
Al concluir el rezo en el interior del templo, la procesión se reanudó para el regreso de la imagen a Capuchinos, con su entrada prevista alrededor de las 00:45 horas.
Este Vía Crucis, que cada año reúne a cofradías, feligreses y visitantes, renovó el sentido de comunidad y fe en Córdoba, destacando por su riqueza simbólica y espiritual, así como por la presencia de una imagen que este año marcó un antes y un después en la celebración.