Colaboraciones

 

Relativismo moral e ideología de género

 

 

 

13 septiembre, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

Lo que pretenden imponer es el llamado «relativismo moral». Consiste en afirmar que lo que está bien y lo que está mal lo determinan las mayorías a través de las leyes aprobadas en el parlamento. Sería el consenso de las mayorías el que determinaría la moral. Por lo tanto, ya no cabría hablar de principios inmutables ni de ley natural. El bien y el mal dependerían de la mayoría que gobernara en cada momento. Esto es peligrosísimo. Si así fuera, lo que hicieron los nazis con los judíos sería perfectamente moral (habría sido bueno), porque la mayoría de los alemanes votaron a Hitler y aceptaron y respaldaron las leyes nacionalsocialistas de discriminación de los judíos que terminaron en el Holocausto. Las mayorías, en lo que a moral se refiere, nunca han tenido la razón. La moral siempre ha sido asunto de personas especialmente virtuosas: los maestros en asuntos morales han sido siempre los santos y los sabios. Y santos y sabios auténticos siempre ha habido pocos. Pero han sido esos pocos los que nos han enseñado a los que no somos tan santos ni tan sabios la diferencia entre el bien y el mal.

Si el parlamento dictamina que matar indiscriminadamente a los niños no nacidos está bien o que matar a los enfermos y a los viejos es bueno y lo hace con el respaldo de la mayoría de los ciudadanos, eso no significa que el aborto o la eutanasia sean moralmente aceptables. El aborto y la eutanasia, para un católico, siempre serán crímenes moralmente reprobables, por muy legalmente que sean perpetrados y por mucha gente que piense lo contrario.

No hay una moral universal. Ni tiene por qué haberla. En un país democrático deben convivir pacíficamente y respetarse las distintas concepciones del mundo y del hombre sin que nadie pretenda imponer sus principios a nadie.

El relativismo moral que pretenden imponer a nuestros hijos se corresponde con los planteamientos de la llamada «ideología de género». ¿Qué es? Pues una nueva versión del materialismo marxista. Una ideología atea que propugna una visión del hombre absolutamente antagónica a la cristiana; una ideología que propugna el hedonismo más burdo y el nihilismo más asqueroso que uno se pueda echar a la cara. Se trata de una ideología que no busca otra cosa que acabar con la familia; una ideología que menosprecia la vida humana y que supone una carga de profundidad contra los fundamentos de la cultura occidental. La ideología de género, en definitiva, representa mejor que ninguna otra una manera de pensar que ha venido en llamarse «cultura de la muerte» ¿Que alguien quiere que a sus hijos los eduquen en esa ideología? Allá cada cual.

Escribía Ratzinger:

- La ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura.

- Con el ateísmo, el hombre moderno pretendió negar la existencia de una instancia exterior que le dice algo sobre la verdad de sí mismo, sobre lo bueno y sobre lo malo.

- Con el materialismo, el hombre moderno intentó negar sus propias exigencias y su propia libertad, que nacen de su condición espiritual.

- Ahora, con la ideología de género el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo.

La ideología de género es una ideología (es decir, es un sistema de pensamiento cerrado) que defiende que las diferencias entre el hombre y la mujer, a pesar de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son unas construcciones meramente culturales y convencionales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos.

¿Por qué se trata de silenciar todo esto? ¿Por qué no dejan que se informe a los padres de estas cosas en los colegios? ¿Por qué se empeñan en dar gato por liebre en tantos centros educativos católicos? ¿Por qué engañan a la gente y mienten de manera tan descarada los políticos que se han empeñado en imponer todo ello? Defender la libertad no es asunto que afecte solo a los católicos, sino a cualquier demócrata que siga creyendo en la dignidad de las personas.