Colaboraciones

 

Citas sobre el demonio

 

 

 

11 agosto, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

«He visto a Satanás caer del cielo a manera del relámpago» (Lc 10, 18).

«Vosotros sois hijos del diablo [...]. Él fue homicida desde el principio, no permaneció en la verdad» (Jn 8, 44).

«Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que, amarrados con cadenas infernales, los precipitó al abismo donde son atormentados» (2 Pdr 2, 4).

«A los ángeles que no conservaron su dignidad, sino que abandonaron su morada, los echó (Dios) en el abismo tenebroso con cadenas eternas» (Jud 6).

«Apartáos de mí, malditos, al fuego eterno, que fue destinado para el diablo y sus ángeles» (Mt 25, 41).

«Si miras hacia el sol serás inmediatamente iluminado; si miras hacia la sombra, necesariamente quedarás rodeado de tinieblas. El diablo es malo por haber escogido la maldad libre y conscientemente, no porque su naturaleza esté de por si en oposición con el bien» (San Basilio, Sermón 15).

«Siempre está ojo avizor contra nosotros el enemigo antiguo; no nos durmamos. Sugiere halagos, pone celadas, introduce malos pensamientos y, para llevarnos a dolorosa ruina, pone delante lucros y amenaza con perjuicios. Todos ahora y cada uno es probado, cada cual a su modo» (San Agustín, Sermón 6).

«Las cosas que proceden de la naturaleza y las que parten de nuestra voluntad, son de poca importancia, comparadas con la guerra implacable que nos tiene declarada el demonio» (San Juan Crisóstomo, en Catena Aurea, vol. I, p. 374).

Nos dice también San Pedro: «Vigilad constantemente, pues el demonio está rondando cerca de vosotros como león rugiente, que busca a quien devorar».

«El mismo Jesucristo nos dice: “Orad sin cesar, para que no caigáis en la tentación»: es decir, que el demonio nos acecha en todas partes. De manera que es preciso contar con que, en cualquier parte o en cualquier estado que nos hallemos, nos acompañará la tentación» (Santo Cura de Ars, Sermón sobre las tentaciones).

«Nuestro enemigo el diablo nos rodea siempre, tratando de quitarnos la semilla de la palabra que ha sido puesta en nosotros» (San Atanasio, en Catena Aurea, vol. Vl, p. 396).

«Dios no permite que el demonio tiente a los fieles, sino en lo preciso para su adelantamiento espiritual» (San Agustín, Saim. 63, sent. 98, Tric. T. 7, p. 403).

«¡Qué astuto es el diablo! Como sabe que en la oración alcanzamos de Dios grandes gracias, se esfuerza cuanto puede para apartar las almas imprudentes de un ejercicio tan útil» (San Juan Crisóstomo, Sen-n. de Canan., n. 10, sent. 247, Tric. T. 6, p. 350).

«Dios prometió un Reino y los hombres le desprecian. El diablo les prepara un infierno, y le honran y obedecen, siendo así, que el uno es Dios, y el otro no es más que un demonio y la más vil de todas las criaturas» (San Juan Crisóstomo, Homi. 6, c. 2, sent. 263, Tric. T. 6, p. 354).

«El demonio se esfuerza contra vosotros con mayor rabia cuando ve que procuramos arreglar nuestra vida; y cuando advierte que hemos trabajado en llenar el navío de nuestro corazón con más preciosos tesoros de gracias, hace todo cuanto puede para causarnos un naufragio mortal» (San Juan Crisóstomo, sent. 1, Homil. 1, ad popul. Antioch., Tric. T. 6, p. 300).

«Si el demonio no se atreve a entrar en ninguna casa en donde está el Evangelio, mucho menos se atreverá a entrar o introducir el pecado en un alma que continuamente se emplea en leerle. Santificad, pues, vuestra alma y vuestro cuerpo teniendo siempre en vuestro cuerpo y en vuestra alma el Santo Evangelio» (San Juan Crisóstomo, Horni. 32, in c. 3, S. Joann., sent. 79, Tric. T. 6, p. 313).

«Dios clama por sus Profetas, por sus Apóstoles y Evangelistas, y pocos oyen su voz; el diablo llama a los hombres por medio de los bailes, canciones y músicas, y junta una infinidad de gentes» (San Efren., Cont. neg. resurrec. sent. 16, Tric. T. 3, p. 80).

«Dios da a los humildes la gracia necesaria para que puedan resistir a las tentaciones; mientras permite que el demonio se divierta con los orgullosos, los cuales caerán en pecado en cuanto sobrevenga la ocasión. Mas a las personas humildes el demonio no se atreve a atacarlas» (Santo Cura de Ars, Sermón sobre la humildad).

«En cuanto una persona frecuenta los sacramentos, el demonio pierde todo su poder sobre ella» (Santo Cura de Ars, Sermón sobre la perseverancia).