Colaboraciones
Eucaristía e Iglesia. Posiciones inadmisibles
25 julio, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez
Es doloroso ver, cómo algunos sacerdotes han llegado a proclamar y a utilizar en la práctica la misma Eucaristía, raíz y quicio de toda la comunidad (cfr. P. o., 6), vínculo de amor, fuente y causa de vida, de unidad de reconciliación en la Iglesia, con propósitos eminentemente políticos, vaciándola de su profundo contenido religioso. Es profanar la Eucaristía poniéndola al servicio de la lucha de clases. Esta instrumentalización de la Eucaristía, sin embargo, contradice la afirmación frecuente entre ellos de que mientras persistan dos clases, la de explotadores y explotados en que estaría dividida la Iglesia, no sería posible la celebración de la Cena del Señor. Sería la lucha de clases instalada en el corazón de la vida sacramental de la Iglesia.
Esta forma de entender y tratar la Eucaristía está en absoluta contradicción con la doctrina católica. Porque la Eucaristía es causa de unión, de reconciliación y fuerza permanente de reencuentro entre los hermanos; la celebramos con verdaderos sentimientos de conversión, con sentido profundo de fraternidad; es también compromiso de reconciliación, porque en ella aun los hombres que se enfrentan unos a otros pueden «afirmar juntos ante la faz del mundo, en un momento de fiesta, que llegará el término final en que los enemigos se volverán compañeros y los adversarios se reconocerán como hermanos» (Episcopado francés, Editions du Centurion, 1972, pág. 83).
Sería calamitoso para la fe y vida de los católicos si tendencias de esta clase tuvieran fortuna y llegaran a moldear la mentalidad de sectores del pueblo de Dios. No podemos aceptar que la Iglesia se conciba como radicalmente dividida, según la metodología marxista, en dos clases, hostiles e irreconciliables entre sí, y menos aún que esta división sea tipificada, como suele hacerse ya, entre la Iglesia llamada «institucional» y una pretendida iglesia «popular» o proletaria.