Colaboraciones

 

Liberalismo católico

 

 

 

12 julio, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

La verdad no procede del número, sino de una adecuación entre la cosa y el intelecto, cómo definiría santo Tomás, y con él, los escolásticos hispanos tomistas como Francisco de Vitoria, Francisco Suárez o Domingo de Soto.

Los demagogos saben que una mentira repetida mil veces se acaba convirtiendo en «verdad». Así manipulan a las masas, cuando un bulo es una y otra vez afirmado hasta que se convierte en un mantra aceptado, que no en Verdad. Lo consiguieron los enemigos de España con la famosa Leyenda Negra, y hoy en día, y desde hace algo más de un siglo, lo están intentando ciertos sectores del liberalismo conservador con la Doctrina Social de la Iglesia y la Escuela de Salamanca.

¿Es un error por tanto eso del «liberalismo» católico?

Sin lugar a dudas. Si el liberalismo lo es, también el pretendidamente católico. Muchos son los que intentan negarlo, y aún más sus seguidores, pero no nos tiene que sorprender, pues ya en el siglo XIX era así. El Papa León XIII hizo notar esto y los calificó con el grave apelativo de «imitadores de Lucifer». En su encíclica de 1888 contra el liberalismo nos dijo lo siguiente a los católicos, miembros de la Iglesia de Cristo: «Son ya muchos los que, imitando a Lucifer, del cual es aquella criminal expresión ‘No serviré’, entienden por libertad lo que es una pura y absurda licencia».

Tales son los partidarios de ese sistema tan extendido y poderoso, y que, tomando el nombre de la misma libertad, se llaman a sí mismos liberales.

Por su parte el beato Papa Pío IX sobre el liberalismo católico expresó la condena Magisterial, e incluso afirmó que «lo condenaría cuarenta veces más si fuera necesario», es decir, las que hicieran falta. Y estas voces de reprobación se han seguido extendiendo en otros Pontificados como en el de San Pío X, el de Pío XI, el de Pablo VI e incluso el de Juan Pablo II.

Pero, ¿qué es el liberalismo? ¿Por qué su maldad y la condena de la Iglesia?

En uno de esos intentos de engaño, los liberales «católicos» suelen defender que lo que condenó la Iglesia es la violencia de aquellos liberales revolucionarios que expropiaban sus bienes y mataban religiosos y seglares devastando toda la tradición católica de los países de la ya antigua Cristiandad. Además, acusan a los Pontífices del «siglo XIX» de estar llevados por el «calor del momento» en la emisión de las condenas Magisteriales.

Lo cierto es que no han sido solo los Papas del siglo XIX los que han formulado reprobaciones, ni estos tampoco lo han hecho llevados por el «calor del momento», y ni siquiera la censura iba dirigida a lo violento de sus acciones. El famoso Syllabus de Pío IX fue redactado tras más de una década sosegada de gestación, y las duras palabras de León XIII no son por «matar curas y expropiar bienes», sino por entender la «libertad como una pura y absurda licencia».

Esto es el liberalismo: idolatrar la libertad por encima de Dios actualizando el pecado original que provocó la caída del hombre a golpe del grito luciferino de non serviam. Con esto destierran toda ley divina positiva y natural, y pretenden hacer al «hombre como Dios», por encima de Dios, con los efectos perversos que ello conlleva en cualquier orden social o personal en que se instala.