Colaboraciones
Católico / Progre
01 julio, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez

Tener una religión no es malo, o al menos eso asumimos los católicos. En cambio, el progre niega que lo suyo sea una religión, una ideología incuestionable; y lo hace sin más respaldo que autores recientes que patean el tablero del conocimiento para fundar nuevas consignas. Para ellos, una Beauvoir, un Gramsci o un «iek» son superiores a un Santo Tomás, un San Agustín o un Juan Duns Scoto.
El progre está desesperado por reinventar la rueda: «Ya que ignoro el pasado y estudiarlo requiere de mucho esfuerzo y sacrificio, mejor reconstruyo el presente y el pasado a mi antojo». Ejerce un crear por crear: inventa nuevas formas de orden social arrancando las raíces de lo que forja una civilización.
Como decía Orwell: «Quien controla el presente, controla el pasado, y quien controla el pasado, controlará el futuro». No conocer las raíces de tu identidad te hace vulnerable al discurso progre.
Cabe destacar que, al igual que los progres, los católicos también tenemos dogma y doctrina: obedecemos al Magisterio de la Iglesia. La diferencia es que ellos no tienen respaldo histórico y que, además, niegan estar adoctrinados; lo niegan con todo el orgullo del mundo.
Sin embargo, a fin de cuentas, para criticar coherentemente al progresismo tenemos que renunciar a nuestra vida tranquila, a las comodidades que nos ofrece la modernidad. Esas comodidades son el libertinaje, presente en cada uno de los vicios modernos: beber en exceso, tener sexo con quien sea, drogarse, etc.